Tras este tramo monótono junto al cauce, alcanzamos el cerro de San Jorge, donde se alza la ermita dentro del término municipal de El Burgo de Ebro —a unos 2 kilómetros del casco urbano—, donde merece la pena detenerse para contemplar las impresionantes vistas del Valle del Ebro antes de iniciar el camino de vuelta.
Para ello, nos dirigimos a El Burgo de Ebro. Tras cruzar el paso a nivel, bordeamos el municipio de los burgoleses y tomamos un camino que transcurre, a tramos, paralelo al Ebro. Después, cruzamos de nuevo el barrio de La Cartuja para tomar la pista del canal, esta vez en dirección a Zaragoza.
Finalmente, arribamos a la capital maña, donde hacemos una merecida parada de avituallamiento e hidratación en la terraza de un bar, cómo no, junto al canal. El rato en el bar duró casi tanto como el trayecto de la ruta: «pasión y diversión».
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