A partir de ahí, la ruta se ha puesto seria con los "entrantes": una subida con rampa pedregosa que se ha hecho exigente hasta el Centro Geográfico de Aragón donde, además del monolito que marca el punto exacto, hemos aprovechado para descansar en el merendero. Barritas de rigor y listos para el plato principal.
Tras reponer fuerzas, la ruta baja en dirección a Rodén Viejo para contemplar el entorno antes de continuar. Ya abajo, pedaleamos pegados a la ribera del río Ginel. Este pequeño cauce —que nace a los pies de la ermita de la Magdalena, un poco más arriba, y recorre apenas ocho kilómetros— dibuja una estrecha y verde vega que contrasta con la aridez de la estepa de la Comarca del Campo de Belchite, regalándonos una auténtica estampa de "oasis lineal".
Este era solo el primer plato; el segundo ha sido mucho más contundente. Parada necesaria en Mediana de Aragón para hidratarnos en una fuente de hierro fundido (casi como nosotros, pero por el calor) y, sin perder tiempo, ponemos rumbo a la meseta donde se ubica La Salada. Esta laguna endorreica, característica de las zonas esteparias, se alimenta de las escorrentías y de las lluvias; hoy, al estar cubierta por una inmensa costra de sal, nos ha permitido apreciarla, si cabe, aún más.
Como postre, nos esperaba una trepidante bajada por una ancha pista "molinera" que nos ha devuelto, a toda velocidad, hasta el canal.









No hay comentarios:
Publicar un comentario